Octavio Rivero “El Chapulín”


Fuente Noticiudadana.

Cuando comenzó su gestión como alcalde de Milpa Alta, Octavio Rivero Villaseñor –luego de ganar la elección como abanderado de una coalición entre su partido, Movimiento Ciudadano, el PRD y el PAN, además del respaldo que tuvo no tan debajo de la mesa por parte de priistas de la localidad con tal de impedir que llegara a gobernarlos Mariana Moguel Robles– se quiso comer el mundo de una sola mordida. Se vio como el líder que según él necesitaba con urgencia la Ciudad de México –después de todo ya había sido delegado nacional del Movimiento Ciudadano en la capital del país y también había sido subsecretario nacional de asuntos juveniles del partido del sol azteca–, por lo que de inmediato comenzó a organizar su propio movimiento, uno que denominó M16, donde juntó a gregarios de la grilla politiqueril de demarcaciones del sur oriente de la Ciudad, debido a que su idea era la de tener muy pronto presencia política en todas las alcaldías de la capital… Según decía, la prioridad era consolidar un corredor naranja en la franja sur de la Ciudad de México, el cual tuviera como base a Milpa Alta, Xochimilco y Tláhuac, para lo cual el «Niño», como lo apodan en Milpa Alta, dio por descontado que estaría en el cargo seis años, ya que según su pronóstico conseguiría fácilmente la reelección en 2021, así que empezó a despachar como cacique de rancho, como mesías del altiplano y adalid de la liga de la justicia con botarga color naranja.

Luego de el «Niño» Octavio todavía en enero de 2019 había pintado su raya con el populismo, al pedir a los simpatizantes de su movimiento que no debían decir que sí a «todo lo que dijera el ‘mesías’», muy pronto comenzaría a ver las cosas desde la óptica de la 4T.

El entonces adversario de la 4T

Sin embargo, tentado por la ambición de poder e imbuido por su afán de notoriedad, comenzó a dar bandazos y al poco tiempo resultó que se había convertido al morenismo. Al menos de palabra, ciertamente. Fue de aprontón a un acto del presidente López en el Zócalo, ya sabe usted, con miles y miles de acarreados de todas partes de la República, donde se dejó fotografiar ahí arriba del templete, porque así convenía a sus intereses.

Su acercamiento con López y, sobre todo, con Claudia Sheinbaum, la jefa de gobierno, llevó a sus compañeros de movimiento a cuestionarle su actitud, lo que el «Niño» Rivero no negó, al contrario, les dijo que Claudia lo estaba jalando al morenismo y que él se estaba dejando querer porque probablemente aquella le tenía reservado algo que acabaría por beneficiarlos a todos… El nuevo chaquetazo del alcalde milpaltense fue comentado en algunos espacios periodísticos y el cándido Octavio los dejó correr sin aclarar nunca nada, finalmente le convenía que la jefa de gobierno lo empezara a ver como uno de los que veían bien la dizque «cuarta transformación». Sólo que el tiempo siguió su curso y Sheinbaum acabó por decepcionar a Rivero, quien nunca vio llegar la esperada oferta que según decía aquella le tenía reservada. El «Niño» acabó decepcionado y en represalia hizo honor a su mote. Con su relación congelada prácticamente con Movimiento Ciudadano, donde habían estado al tanto de sus deslices con el morenismo, Octavio comenzó a acercarse con la dirigencia del Partido Humanista, sí, el mismo que había estado a punto de perder el registro por ser uno más de la chiquillada partidista en México.

Como se sabe, en mayo del año pasado el Instituto Nacional Electoral suspendió el proceso de liquidación del Partido Humanista, esto por una orden judicial derivada de un juicio interpuesto por personas que demandaron ser reconocidos como extrabajadores del instituto político… Fue entonces cuando el «Niño» Rivero mandó llamar a todos aquellos que aún seguían en su Movimiento 16 –los que no abandonaron el barco porque la 4T ni les perjudicaba ni tampoco la veían mal del todo– para anunciarles el nuevo chaquetazo que había dado: irse al Humanista y comenzar a trabajar en la afiliación de militantes tanto en Milpa Alta como Xochimilco y Tláhuac. Punto.

A regañadientes, sus compañeros de M16 empezaron a afiliar incautos para poder revivir al escuálido Humanista, y cuando algunos ya llevaban un buen número de afiliaciones, el alcalde milpaltense los volvió a reunir en sus oficinas, algo así como dos meses después. ¿Y con que salió ahora? Salió con que siempre no iban a seguir en el Humanista porque no le habían asegurado que le cumplirían sus condiciones a la hora de la repartición de candidaturas, así que volverían al seno de Movimiento Ciudadano. Fue ahí donde la puerca torció el rabo y quienes aún se sentían integrantes del M16 acabaron por pintarle al «Niño» la Britneyseñal o sus caracolitos, y lo abandonaron a su suerte.

Exacto, se quedó como perro sin torta y, lo más grave, sin ninguna posibilidad de amarrar algo en la elección del próximo año, debido a que en el descrédito en que cayó difícilmente el milpaltense podrá recuperarse… Es así como atestiguaremos el fin de una breve historia de un arribista más de la grilla politiqueril que, en lugar de ponerse a trabajar en la solución de los problemas de los milpaltenses, ocupó más el tiempo en buscar la manera de posicionarse como un líder que, como es previsible, acabará tronando y en menos de dos años como chinampina. Todo un récord. Bueno, ni López Obrador, pues… Al tiempo.

Entradas relacionadas

Dejar un Comentario